Galería de Biología y Geología
INVESTIGACIÓN: ¿QUÉ PASARÍA SI NO TUVIÉRAMOS LA LUNA?     
John Wallace
Introducción
Desde que surgieron los primeros humanos, hemos estado mirando a la Luna noche tras noche. Nuestro satélite es una parte importante de nuestra cultura; está presente en nuestras canciones, poemas, mitología y hasta siendo parte de nuestros calendarios. Noche tras noche siempre está presente, lo cual ha llevado a muchos a preguntarse ¿Qué pasaría si no estuviese ahí? Es más, en 2015 fue una de las preguntas más buscadas en Google, mostrando el interés que tenemos los humanos por plantearnos situaciones hipotéticas que nunca han ocurrido, especialmente sobre algo tan arraigado en nuestra cultura. Pero antes de poder responder a la pregunta de cómo sería el mundo sin ella, debemos conocer a influencia que tiene sobre la Tierra.
Probablemente el efecto más conocido que tiene sobre nuestro planeta es su influencia sobre el océano. La fuerza gravitatoria de nuestro satélite provoca las mareas en nuestros mares y océanos, y además influye en las corrientes marinas. Pero esto no es lo único que hace. La Luna tiene una rotación sincronizada, es decir, tarda lo mismo en girar sobre si misma que en girar alrededor de la Tierra, por lo que siempre vemos la misma cara. Esta órbita ayuda a estabilizar la nuestra propia ya que mantiene constante el ángulo de inclinación del eje terrestre con respecto a su órbita. Esto ocurre porque además de girar sobre si misma y alrededor del Sol, el eje terrestre, estando inclinado con un ángulo de 23 grados con respecto a su órbita, gira de forma circular muy lentamente (una vez cada 26.000 años) en un movimiento llamado precesión. Este movimiento permite al eje mantener un ángulo constante. La Luna, gracias a su órbita alrededor de la Tierra, estabiliza este movimiento asegurando que nuestro planeta mantenga una inclinación constante. Y como la inclinación terrestre es un factor muy importante en las estaciones y el clima de nuestro planeta, podemos decir que regula el clima terrestre. Además, su órbita a nuestro alrededor disipa la energía terrestre, aumentando la temperatura de las placas tectónicas y por lo tanto reduciendo la actividad sísmica. Por último, muchas especies de animales usan la luz lunar para poder ver por la noche, guiarse en sus migraciones o incluso encontrar pareja.

Métodos y resultados
La pregunta de qué ocurriría si no tuviésemos Luna puede dividirse en dos cuestiones fundamentales: qué pasaría si desapareciese de repente y qué pasaría si nunca la hubiéramos tenido. En ambos casos podemos predecir las condiciones terrestres. Comenzando por la primera cuestión, si ahora la perdiésemos, tendría un gran impacto negativo sobre nuestro planeta y la vida que en él reside.
Si la Luna desapareciese de repente, los procesos marinos cambiarían drásticamente. Sin su fuerza gravitatoria, las mareas tal y como las conocemos dejarían de existir. Es cierto que el Sol también ejerce cierta atracción gravitacional sobre las masas de agua terrestres, pero en mucho menor medida que ella debido a su lejanía, por lo que las mareas que el Sol provocaría no serían más que pequeñas olas. La ausencia de la Luna y las mareas provocaría un estancamiento de las corrientes marinas y de los mares y océanos en general. Sin el movimiento de las aguas marinas, incontables especies marinas se extinguirían debido al cambio tan drástico de su ecosistema. Esto causaría que varias especies de aves y mamíferos que dependen de la vida marina para subsistir se extinguiesen y los animales que dependiesen de ellos se extinguiesen, llevando a una extinción masiva. Además, el agua de los mares y océanos se redistribuiría en la superficie terrestre, tendiendo a ir hacia los polos y las costas, inundando ciudades costeras.
La desaparición de la Luna también seria catastrófica para el clima. Sin su órbita alrededor de la Tierra, el eje terrestre se desestabilizaría, lo cual provocaría fluctuaciones en su ángulo de inclinación de ente 0 y 90 grados, es decir, desde que esté completamente vertical hasta que el eje se encuentre mirando al Sol. Esto provocaría temperaturas extremas y cambiaría por completo las estaciones. Las temperaturas podrían llegar a los 100ºC en “verano” y a -80ºC en “invierno”. Esto cambiaria los ecosistemas terrestres drásticamente, llevando una vez más a extinciones masivas. Además, los climas cambiarían completamente, los polos podrían derretirse, las zonas cálidas cubrirse de hielo y las placas de hielo moverse hacia el ecuador. El derretimiento de los polos aumentaría el nivel del agua e inundaría las costas e islas. En el caso más extremo, el eje terrestre podría quedarse mirando al Sol, lo cual eliminaría el día y la noche y dividiría el planeta en dos hemisferios permanentes: uno con temperaturas extremadamente altas y otro de temperaturas extremadamente bajas, haciendo que la vida solamente fuese posible en el ecuador. La diferencia extrema de temperaturas entre ambos hemisferios causaría que se formaran vientos de hasta 300 km/h.
Otro efecto que surgiría a raíz de no tener luna sería que la Tierra sufriría muchos más impactos de meteoritos. Esto es debido a que la Luna actúa como una especie de escudo. Su fuerza gravitatoria causa que los meteoritos sean atraídos a ella en vez de a la Tierra, por lo que sufrimos muchos menos impactos gracias a ellos.
Por último, la desaparición de la Luna tendría un impacto sobre las especies nocturnas. Muchas la necesitan para ver por la noche, para guiarse en sus rutas migratorias, para encontrar pareja o para regular su ciclo biológico. El no poder hacer nada de esto sin ella causaría que muchas especies se extinguieran. 
En el caso de que la Luna nunca se hubiese formado, las consciencias serían un poco distintas. Primero debemos considerar que la Tierra giraba mucho más rápido antes de la formación de la Luna. Tardaba solamente 6 horas en dar una vuelta completa. Gracias a la gravedad lunar, la Tierra fue ralentizándose hasta que llegó a la velocidad a la que gira hoy. Aun hoy la Tierra sigue ralentizándose, pero los días van alargándose a un ritmo de 1.5 milésimas de segundo cada 100 años. Sin la Luna, la Tierra no se habría ralentizado tanto, y aunque una vez más el Sol hubiera cumplido su función, al igual que con las mareas lo hubiese hecho en menor medida, por lo que, a día de hoy, los días durarían solamente 8 horas. Esto no solo afectaría al desarrollo de la vida, sino que también el hecho de que la Tierra girase a una mayor velocidad provocaría que los vientos fuesen mucho más fuertes, de unos 160 km/h de media.
Además, la Luna estaba mucho más cerca de nosotros de lo que está ahora, por lo que su efecto en las mareas era mucho mayor cuando se formó. Se cree que esto causó que el mar se removiese intensamente y se mezclaran sus aguas, facilitando el posterior desarrollo de la vida en los océanos. Si no se hubiese formado, no solo no habría ocurrido esto, sino que, como he mencionado antes, las mareas se deberían solamente a la fuerza gravitacional del Sol, por lo que serían mucho menores y los mares se estancarían. Todo esto dificultaría la formación de la vida.
Una Tierra en la que la Luna no hubiese existido tendría un eje inestable que provocaría climas extremos e inestables, lo cual dificultaría aún más la aparición de la vida. Debido a las condiciones tan drásticamente distintas, si se llegase a desarrollar la vida sería mucho después de lo que se formó con la Luna y además sería bastante distinta, aunque compartiría algunas similitudes ya que, probablemente, estaría basada en los mismos elementos (Carbono).

Discusión
En cuanto a la vida en la Tierra, está claro que en ambos casos la ausencia de la Luna sería perjudicial. Aunque su efecto sobre nuestras masas de agua es el más conocido, su ausencia, a pesar de ser catastrófica para la actual vida marina, no sería lo más devastador para el planeta. Probablemente el efecto de su ausencia que más dañaría a la vida sería la desestabilización del eje terrestre, lo cual podría causar una extinción casi total de la vida terrestre. Aun así, este es el efecto cuyas consecuencias son más inciertas, ya que no podemos saber cuánto variaría el ángulo del eje terrestre ni a lo largo de cuánto tiempo. Podría ser que variase apenas un par de grados a lo largo de los siglos, o podría llegar a variar en 90 grados en un corto espacio de tiempo. A pesar de esto, no se puede ignorar las consecuencias que pueden tener uno o dos grados de diferencia en el ángulo del eje terrestre, ya que hay investigadores que afirman que fue un cambio de 1 grado el que convirtió al Sahara en un árido desierto cuando antes era una zona con frondosa vegetación, e impidió que las primeras civilizaciones humanas se formaran en esa zona y en vez se formaran en el delta del Nilo. Sea como sea, si la luna desapareciese, las consecuencias serían catastróficas desde un punto de vista biológico en mayor o menor medida.
El gran problema es que la vida en la Tierra ya está formada y está adaptada a las condiciones terrestres que tenemos gracias a la Luna. Sería imposible adaptarse a un cambio tan drástico y tan inmediato. En cambio, si la Luna nunca hubiese estado allí, si Theia nunca hubiese chocado contra la Tierra, nuestro planeta tendría condiciones más hostiles y adversas al desarrollo de la vida; pero la vida podría desarrollarse de todos modos, aunque lo hiciese más tarde. Si se desarrollase la vida bajo estas condiciones, se terminaría adaptando a ellas y podría sobrevivir. Por eso mismo, en este contexto, sería más beneficioso para la vida terrestre que la Luna nunca se hubiese formado a que desapareciese cuando la vida ya está desarrollada, aunque en el primer caso cabe la posibilidad de que la vida nunca se hubiese desarrollado.
Y en el hipotético caso de que la Luna nunca se hubiese formado y la vida se hubiese desarrollado hasta el punto de que hubiese vida inteligente como los humanos, su cultura sería muy distinta por ello.  Su calendario sería distinto y les hubiese costado más desarrollar la agricultura debido a la falta de ciclos lunares por los que guiarse. Su mitología sería distinta, así como su avance tecnológico, especialmente en el campo de la astrología, ya que nosotros los humanos usamos la Luna para calcular el tamaño de la Tierra, la distancia de la Tierra al Sol, de la Tierra a la Luna, etc.

Conclusión
Gracias a este trabajo, la Luna, que yo consideraba puramente estética y superflua para la vida, ha cobrado para mí una mayor importancia, ya que ahora sé lo difícil que sería la vida sin ella y lo mucho que le debemos a nuestro único satélite. Además, he aprendido los distintos efectos que tiene la Luna sobre la Tierra aparte de las mareas. La Luna es, junto con el Sol, los astros más importantes para la vida terrestre, y es sorprendente como bastantes de los mismos efectos causados por la ausencia de la Luna los estamos infligiendo nosotros los humanos a la Tierra.

Bibliografía
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